Imparable declive del uso de los intermitentes

Imparable declive del uso de los intermitentes

Las sociedades científicas de antaño ofrecían un premio a quien resolviese algún fenómeno misterioso, que los investigadores no habían logrado desentrañar aún y cuya elucidación se consideraba de utilidad pública.

 

Nosotros estamos tentados de proponerle a CNAE un galardón a quien resuelva el enigma del desuso de los intermitentes para indicar a los demás conductores y a los peatones (que también existen) que nos disponemos a cambiar de dirección, estacionar nuestro vehículo, aparcar o desaparcar.

 

¿Hay alguna razón o motivo que explique un comportamiento tan insensato y tan peligroso? Pues está de moda o, para ser más exactos, lleva un tiempo de moda. Y el caso es que hay pocas conductas tan cívicas y útiles, desde el punto de vista de la propia seguridad, como utilizar los intermitentes.

 

Hace un tiempo, «Autoescuela» entrevistó a los dos presentadores de «Seguridad Vital», el estupendo programa de TVE que mereció un premio de la Fundación CNAE y que ahora ha sido sustituido en la parrilla de la televisión pública por otro espacio congénere: «Arranca en verde». El tema salió a relucir y ambos constataron el detestable hábito, pero no supieron dar una explicación satisfactoria.

 

¿En qué situación podríamos ahorrarnos los intermitentes cuando vamos al volante de un vehículo? Sólo se nos ocurre una: si no hubiera nadie a nuestro alrededor. Nadie: ni otros vehículos, ni peatones, ni ciclistas… Nadie, como si atravesáramos una ciudad fantasma o una carretera desierta.

 

Por tanto, quienes actúan así dan por implícita una total ausencia de semejantes al alcance de la vista. Pero no hace falta ser una persona superdotada para darse cuenta de que pocas cosas concentran la humanidad de un modo tan radical como el tráfico. En particular, las calles de las grandes urbes suelen ser el escenario de una mezcla abigarrada de vehículos y peatones. ¿La selva? No, un caos que se esfuerza en embridar la normativa de circulación.

 

Es una paradoja de nuestro tiempo: cuanto más conectados estamos a lugares remotos, más nos aislamos con respecto al entorno circundante. Ahora bien, la conducción exige el enchufe de nuestra atención a la realidad inmediata, que es una red de alto voltaje. Por eso mal vamos, si el presupuesto de un comportamiento prudente en las vías públicas, que es admitir la existencia de los demás, queda suspendido o en entredicho.

 

Ojalá que el título de esta entrega del blog resulte a la postre falso y que el uso de los intermitentes vuelva a florecer. Dirá el lector: no se preocupen ustedes; esto lo solucionará el vehículo autónomo. Sí, pero, entre tanto, ¿cuántas almas se irán al cielo por haberse ido antes su atención al limbo?

 

 

 

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